Abril 24, 2020

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Una mirada al Perú desde el Turismo

Carlos González: Una mirada al Perú desde el Turismo

Las notas que siguen son fragmentos de una entrevista realizada por Claudio Zavala (Cultura Espiral) con Carlos González, consultor y experto en turismo sostenible; en el marco de una investigación que tuvo lugar a mediados de febrero del 2020 acerca del turismo y el comportamiento de la oferta y demanda laboral en Cusco. Compartimos aquí sus reflexiones, las que nos invitan a pensar esta actividad desde un paradigma distinto, lejos del típico discurso que convierte “la peruanidad” en un commodity y a las personas en una pieza chata de engranaje. Carlos nos propone una idea sugerente: entender el turismo desde la experiencia y las necesidades subjetivas de las personas que participan en él como una de las claves para la sostenibilidad de esta actividad y su adaptación exitosa a circunstancias cambiantes. Nuestro agradecimiento a Carlos González.

El turismo es una actividad transversal a todo quehacer humano. Podríamos decir entonces que es una actividad netamente humanista, porque se nutre y se vale de todas las disciplinas y de todo el saber humano. Si quieres ser exitoso en turismo tienes que ser un apasionado humanista: tienes que disfrutar del arte, de la geografía, de la ciencia, de la moda, de la historia natural, de las matemáticas, de finanzas, de contabilidad… es un sinfín de saberes de los cuales te tienes que nutrir para crear una experiencia exitosa, no solo para tu cliente potencial sino para que sea un negocio rentable y que sobreviva.

El ser humano, desde el renacimiento, que fue como la cúspide de ese hombre humanista, fue declinando en ese sentido hasta convertirse en un hombre específico, unidimensional, técnicamente sofisticado y especializado en una sola cosa. El hombre actual es “monotemático” (si es médico, solo habla de medicina; el ingeniero, solo de estructuras). El hombre renacentista se ha perdido, y la especialización ha creado que en las organizaciones haya diez expertos que manejan diferentes aspectos. Pero un humanista que maneja sus dos hemisferios cerebrales puede hacerlo solo. Ese es el reto que tiene el turismo: no se puede manejar de manera específica o a partir de especialidades.

Foto: Viviana Quea

Vicos, Ancash. Foto: Viviana Quea

Vivimos en la cúspide de esa sociedad post revolución industrial en la que nos esforzamos muchísimo para conseguir algo de dinero que cubra el resto de nuestra vida, la cual sentimos que está vacía. Ante esa vacuidad, esa ausencia de sentido, lo que buscamos son paliativos, pues al no poder cambiar ese estilo de vida (porque lo dicta la sociedad y la economía), buscamos como curarnos con “venditas temporales”: drogas, ruido, ¡el mismo turismo…! porque recordemos que esta actividad aparece como un interés de la nobleza europea de ir a las colonias en África o Asia para disfrutar por un momento aparentar ser “reyezuelos” en esos lugares porque de vuelta a Londres seguirán teniendo la misma ubicación subalterna.

Al haber perdido la conexión con su espíritu (conexión ineludible), al enfermarse como ser humano, todas las actividades post revolución industrial que este busque tenderán a ser paliativos. El escapismo aparece como poción en la búsqueda de sentido, el hedonismo hace que todo sea “instagrameable”: Entonces la gente va al gimnasio para tomarse selfies, va a un restaurante a tomarle foto a un plato, va a hacer obra social para tomarse foto con el “pobrecito” y así sucesivamente. Es una manera de decir “no estoy tan hasta las patas; soy bonito, como rico y ayudo a los pobres, no soy tan insignificante como en el fondo me siento”.

Los viajes responden a un estilo de vida de las personas y este no tiene únicamente que ver con a qué hotel voy o a qué carro me subo o qué quiero ver, sino tiene que ver con cómo me siento conmigo mismo, qué es lo que planeo resolver en mi vida yendo a ese lugar, cuáles son mis expectativas (no solo físicas), sino cómo justifico los intangibles de ese viaje… Tal vez quiero reconectar con mi familia o conmigo mismo o huir de algo abrumador que me está sucediendo… A lo mejor me siento solo y quiero encontrarme con las personas y quiero encontrar a mi verdadero amor… en fin. Cuando tú trabajas en turismo tienes que lidiar con todas esas cosas y te conviertes en un gestor de emociones. Por un lado tienes que ver lo concreto: el hotel, el carro, el aeropuerto, el guía… lo objetivo. Lo abstracto es lo anterior. Y esto tiene que ser transversal. Hay que conectar lo concreto con ese abstracto y convertirlo en experiencia.

"El escapismo aparece como poción en la búsqueda de sentido, el hedonismo hace que todo sea “instagrameable": Entonces la gente va al gimnasio para tomarse selfies, va a un restaurante a tomarle foto a un plato, va a hacer obra social para tomarse foto con el “pobrecito” y así sucesivamente."

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El turismo es una experiencia que hace que el turista se encuentre con el servidor como en una “cita a ciegas”: son dos personas que han acordado estar juntas durante un tiempo determinado sin conocerse, y ambos tienen que presentar lo mejor de sí mismos para que eso vaya bien. Pero en el turismo de lujo las personas tienen estándares de vida mucho más altos y en su vida diaria no se juntan con personas que no reúnan esos criterios y no van a estar con una persona que huela mal o que se vea descuidado o que hable groserías. Al margen de tus orígenes culturales o socioeconómicos, es importante buscar la mejor versión de ti mismo, cultivar tu apariencia, tu educación.

Tengo una biblioteca que la traspaso de proyecto a proyecto. Cuando comienzo un proyecto, lo primero que hago es poner un estante donde están los trabajadores y colocar una serie de libros que yo creo que van a ser importantes para la formación de esas personas: de historia, geografía, de arte, revistas, literatura del mundo y no solo local. Leerán primero lo que les llame la atención, pero luego, cuando le agarran gusto a leer, me encanta ver como buscan libros de poesía o pintura. Ahí esa persona está permitiendo descubrirse a sí misma desde otra mirada. Yo lo dejo ahí durante todo el tiempo en que esté, y la voy renovando cada año.

Lo importante es despertar ese “bichito” en las personas, que no se vean como seres unidimensionales sino que se permitan ver desde otras miradas, como seres integrales. Si pasan por esa experiencia comenzarán a ver a los otros como seres multidimensionales. Y eso crea la aceptación de uno y de los demás. Esto es importantísimo en el turismo porque vas a estar sometido a diferentes necesidades y expectativas de diferentes culturas, sobre todo si estas en una zona de campo en la que tienes que negociar con las personas del lugar y al mismo tiempo atender las necesidades de tus huéspedes que pueden venir de cinco continentes. Cultivarte así te permite respetar la multi-dimensionalidad de todas las personas que viven alrededor tuyo.

Esta forma de ver el turismo no es nueva, existe desde siempre. Solo que en su momento fue una corriente que era muy fácil de burlarse o de considerarla una rareza por el statu quo, considerarla new age, alternativa, hippie…. Siempre ha habido compañías de turismo que proponen experiencias saludables, que no perpetúan esa vacuidad de ese sentido de vida, sino que buscan hacerte parte de una experiencia significativa y restauradora de verdad, provocadora de sentido y de sanarte, de curarte.

Cuando vas a un sitio y no estás haciendo un tour de vitrina o te quedas mirando desde la ventana de tu carro sino que tienes un encuentro cercano con una persona que te muestra una perspectiva honesta y real del lugar que estás visitando, se convierten en experiencias transformativas. Ese viajero que viene de una civilización post industrial, del primer mundo, dice “si esta persona que vive en condiciones que en mi país serían infrahumanas y tiene una forma de vida tan sana y una mirada de la vida tan tranquila y en paz consigo mismo, ¿por qué yo no? Si vivo en mejores condiciones que esta persona, ¿por qué no tengo eso?”.

Una mirada al Perú desde el turismo

Porcón, Cajamarca. Foto: Viviana Quea

Y sobre las oportunidades de negocio que abre esta concepción...

Para que el mundo tenga equilibrio es importante empoderar al pequeño empresario. Existe el mito de que para que tu puedas hacer una operación turística de calidad tienes que ser grande, tienes que ser una corporación. Hay millones de viajeros que no quieren viajar a través de una corporación, pero lo hacen porque no les queda otra, porque no hay instituciones locales que sean seguras y confiables y que tengan un nivel de calidad de operación o de experiencia que les de la confianza.

Tú puedes crear una operación boutique, a la medida de las exigencias de una persona, porque para una corporación eso es muy caro. No necesitas los millones de clientes que necesita una corporación. No hay que tener miedo a desarrollar proyectos turísticos de alta calidad solo por el hecho de ser chiquitos. A los dueños de las grandes empresas no les interesa como generes sus ingresos, pero luego, la moda de la sostenibilidad hizo que se incorporara esta dimensión, aunque muchas veces como una herramienta de marketing. Si eres una empresa chiquita sí puedes adoptarlo como filosofía y mostrarle al viajero que lo que haces es ético y moral, que va en favor de las comunidades y del medio ambiente. Hay una diferencia competitiva enorme en favor del chiquito.

"Para que el mundo tenga equilibrio es importante empoderar al pequeño empresario. Existe el mito de que para que tu puedas hacer una operación turística de calidad tienes que ser grande, tienes que ser una corporación."

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Los peruanos nos hemos vuelto tan consumistas que nos hemos creído eso de la “Marca Perú” y entonces nos creemos lo máximo. Tanto, que hemos dejado de ser espontáneos y dar una experiencia genuina peruana. Ahora lo que queremos mostrar es que somos un país desarrollado. Eso hace que muchas experiencias que tengan los viajeros sean prefabricadas y mucho de eso tiene que ver con cómo el Estado, a través de las instituciones del turismo, también han marketeado al Perú y han hecho un trabajo de estandarización de procesos y de servicios en los que a todas las comunidades, sin importar que sean costeras, altoandinas o amazónicas, a todas les han enseñado el mismo guión: a todas les han enseñado a hacer causa, lomo saltado y ceviche, sin importar que estés en Taquile, Yurimaguas o en Tumbes. Esa estandarización e industrialización del turismo hace que estemos desfasados 200 años, porque la era industrial murió hace 200 años. Eso ya no se maneja de esa manera.

"Los peruanos nos hemos vuelto tan consumistas que nos hemos creído eso de la “Marca Perú” y entonces nos creemos lo máximo. Tanto, que hemos dejado de ser espontáneos y dar una experiencia genuina peruana." 

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Somos un país pluricultural. Es un dicho común pero en realidad es cierto. En cada distrito del Perú tienes cosas que nos hacen únicos y diferentes. Cruzas un río y experimentas una cultura distinta. Lejos de aprovechar eso, en el Perú hemos tratado de homogeneizarnos y mostrar un solo Perú: pisco, caballo de paso, cajón, ceviche, causa y lomo saltado, marinera norteña y Machupicchu. Todos los peruanos creemos que solo eso es ser peruano. Tu plato y danza local, tu acento local, el tipo de construcción local tiene que ser suprimido porque eso “no le interesa al viajero”, si no los productos bandera. Se busca que el peruano sea de una manera y disfrazarse de una sola manera. No entendemos que somos hombres andinos del siglo 21. Lo digo porque no importa si has nacido en Breña o Quispicanchis: todos hemos nacido alrededor de la Cordillera de los Andes. Se confunde andino con “serrano”, que significa ser un pobre diablo: “si tengo dos maestrías, manejo un Audi y vivo en Surco, ¿cómo voy a ser andino?”. No nos sentimos identificados con el “otro”.

Una mirada al Perú desde el turismo

Vicos, Ancash. Foto: Viviana Quea 

Cada año entre Mayo y Junio empiezan las heladas en las provincias altoandinas y aparecen los reportajes sobre ancianos, niños y rebaños de ganado muriendo víctimas de las condiciones infra-humanas en las que subsisten. Ahí decimos “esa pobre gente”, no es alguien con quien tú te identificas.. “pobrecitos le voy a mandar frazadas…”, no dices “como le pasó eso a nuestros connacionales”. Hay un barranco de por medio cuando miramos al otro.

En el momento en que nos demos cuenta que el ser peruano no tiene que ver con tus circunstancias, el dinero que tienes y a qué colegio fuiste, e internalices que eres un ser humano andino, cambiaremos la construcción social de país que tenemos.

Carlos González desarrolla innovación sostenible en turismo desde 1996. A lo largo de 24 años, ha trabajado en la inserción de micro-empresarios, artistas, artesanos, agricultores, organizaciones de mujeres y jóvenes en el turismo de lujo, habiendo desarrollado exitosamente programas para compañías internacionales como Sonesta, Abercrombie & Kent y Belmond.


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Sobre la autora de este post 

Viviana Quea

Ayudo a gente creativa e inquieta a diseñar y financiar sus proyectos culturales con herramientas de gestión estratégica, marketing digital y comunicaciones. Trabajo principalmente con las artes escénicas, música, fotografía, cine, artes plásticas, proyectos editoriales, proyectos de curaduría, salas independientes e iniciativas de arte para la transformación social.

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  1. Muy interesante e inspirador para los que somos pequeños y con muchas ganas de crecer más en el turismo desde una perspectiva sostenible.

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